martes, 6 de enero de 2015

CAPITULO: LA DESPEDIDA

Era el año 1895 y Villa Clara una pequeña población fundada por el general Milton Keller, era una tarde de abril como todas las tardes habia movimiento por las calles, la floristeria, la barberia, la oficina del correo, la tarberna, la tienda del sastre, los artesanos, la tienda de joyas, el parque estaba lleno de multitud, algunos esperando a los turistas, otros para despedir a sus seres queridos que partian cada mes de abril en busca de nuevas oportunidades en la gran ciudad, muchos apostaban a las ferias que se organizaban por aquellos dias, pues la sequia habia resquebrajado la economia del pueblo, incluso existio un rumor sobre la venta del pueblo al imperio britanico, solo eran rumores de las personas cuya negatividad no ayudaba a crecer la misma comunidad. Enrique Jimenes, joven travieso de 12 años, era muy querido por los Kellers, una de la familia mas adineradas del lugar, eran dueños del banco, de la taberna y de la floristeria (esta ultima era administrada y atendida por la joven Victoria keller) A pesar de tener una diversidad de personas poderosas, Villa Clara estaba lejos de estar impactada por la revolución industrial del propio siglo XVIII; 50 años despues apenas se percibia la transformación, de alli el exodo de algunos de sus habitantes. Era el 3 de abril y Enrique tenia cierto apego por la señorita Keller, una vez le dijo a su papa el señor Sebastian Jimenes que queria ser inventor para hacer una maquina que lo hiciera tener mas edad. Su padre solo sonrió y le dijo, ay muchacho ser grande requiere de grandes responsabilidades. Papá ire a la floristeria a ver si necesitan alguna encomienda le dijo mirando a su papá con mirada tierna. Antes de otorgarle el permiso, don Sebastian recordó las palabras de Susana (su amada esposa)"Sebastian debes reprender a Enriquito, no se que tanto busca en esa floristería" Don Sebastian: hijo tu madre se pregunta si has olvidado que tu casa esta allá, al lado del viejo molino, no frente a la taberna. el joven Enrique: "Papá hablemos de hombre a hombre" don Sebastian se ríe y le dice: ooooooh¡ pero si mi muchacho ya ha crecido... el joven Enrique: "papá creo que me he enamorado. don Sebastian le pregunta sobre quien es la afortunada, pero el joven le dice todo a su tiempo, por eso te pido permiso para ir a la floristería. Don Sebastian: aaaah vas comprarle unas flores a tu enamorada, bien vaya, pero regrese antes de las 5 para que junto a tu hermano Pedro carguen la leña. el joven Enrique: esta bien papá y corrió camino a la floristería. El muchacho ignoraba que aquella tarde de abril, su amor platónico habría de partir hacia la gran ciudad. Mientras corría, algunas personas caminaban en dirección contraria, y otro niño de nombre Samuel, le pregunta que porque no iba con el y los demás a la estación del tren para despedir a algunos lugareños y recibir a los turistas. Enrique ve tu, luego te alcanzo. El chico al llegar a la puerta del establecimiento se quedo boquiabierto a ver un gran rotulo que decía "Clausurada". Entonces Julián el barbero le dice, oye muchacho los Kellers se van del pueblo por un largo tiempo, no lo sabias? corre y ve a despedirlos. A Enrique no le dio tiempo de sollozar y emprendió una carrera como si se tratara de una competencia deportiva, su hermano Pedro que siempre le vigilaba al ver que este corría como potro salvaje, intentó detenerlo sin poder conseguirlo. El silbato del tren daba por entendido que daba su marcha hacia el sur en dirección a la próxima estación. El tren emprendió su paulatina marcha, Enrique siguió corriendo y se llevo por medio a unos cuantas personas que despedían a sus seres queridos, y corrió y corrió, hasta que alcanzo el ventanal donde iba sentada la hermosa Victoria Keller. Ella no podía creerlo. Enriquito? eres tu? muchacho ve a casa con tus padres. El joven le responde: no es justo hoy fui a la floristería porque quería decirle algo a su merced. Pero mejor espero a su regreso. La bella dama le responde: lo siento, pero es un viaje que no tendrá retorno, lo que tengas que decirme dimelo ahora. Lo cierto es que el tren tomó mas velocidad y logro decirle con un grito, es que creo que estoy enamorado de usted, y mucho. La cara de Victoria se lleno de compasión e incredulidad o asombró y con lagrimas agitó su pañuelo, a lo lejos se perdía el tren, su hermoso cuerpo abrigado por aquel largo vestido, el corsé le daba mas belleza a su figura femenina. El joven lloró y se juró así mismo buscarla y encontrarla, sintió una herida, como si un puñal atravesara su pecho... continuara....

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